En 1967 Germano Celant, entonces un crítico de veintisiete años, usó por primera vez la expresión Arte Povera para reunir bajo una sola etiqueta a un grupo de artistas italianos que tenían poco en común en el estilo y muchísimo en la actitud. «Pobre» no quería decir barato: quería decir despojado. Despojado de la técnica noble, del pedestal, del cuadro como objeto de lujo.
El centro del movimiento es Turín, ciudad industrial que en esos años vive a la vez el auge de la fábrica y su contestación. No es un detalle: buena parte de los materiales de estos artistas —el hierro, el vidrio, el neón, los tubos— viene del mundo productivo que tenían alrededor.
1. Michelangelo Pistoletto, *Venus de los trapos* (1967)
Una copia en yeso de una Venus clásica, de espaldas, frente a un montón de trapos de colores. Es la imagen más reproducida del movimiento porque pone en escena todo su argumento de una vez: la belleza codificada de la tradición frente a la materia informe y usada del presente. Ninguna de las dos gana, y ese es el punto.
2. Mario Merz, los *Iglús* (desde 1968)
Estructuras semiesféricas de metal, vidrio y arcilla, a veces atravesadas por rótulos de neón. Para Merz el iglú es la forma primaria de habitar: un refugio que se monta en cualquier sitio, sin cimientos. En muchas obras aparece la sucesión de Fibonacci, en la que cada número es la suma de los dos anteriores — una manera de dejar entrar el crecimiento natural en una escultura hecha de materiales industriales.
3. Jannis Kounellis, *Sin título (12 caballos)* (1969)
Doce caballos vivos atados a las paredes de una galería romana. Durante unos días el espacio expositivo dejó de ser un lugar de contemplación y se convirtió en una cuadra. Es la obra que lleva al límite la idea de que la materia del arte puede ser cualquier cosa, incluida algo que respira.
4. Giovanni Anselmo, *Estructura que come* (1968)
Un bloque de granito, un bloque más pequeño, y entre los dos una lechuga fresca sujeta por un alambre de cobre. Cuando la lechuga se marchita, la estructura se afloja y el bloque pequeño cae. Para seguir existiendo, la obra debe ser alimentada. Es quizá la definición más exacta de lo que estos artistas entendían por «proceso»: no un objeto acabado, sino algo que ocurre en el tiempo.
5. Giuseppe Penone, *Árbol de 12 metros* (1980)
Penone toma una viga industrial y la excava siguiendo los anillos de crecimiento hasta devolver a la luz la forma del árbol joven que esa viga contenía. Es escultura por sustracción, y a la vez una afirmación: la madera trabajada no ha dejado de ser árbol, solo lo ha olvidado.
Dónde se ve hoy
La referencia es el Castello di Rivoli, a las afueras de Turín, primer museo italiano dedicado al arte contemporáneo y casa natural de estas obras. En la ciudad, la guía del arte en Turín y la sección de arte moderno reúnen el contexto local.
Por qué sigue importando
El Arte Povera desplazó de forma permanente el límite de qué puede ser material artístico. Cada vez que hoy un autor contemporáneo usa un soporte no noble —papel industrial, tejido, materia recuperada— trabaja dentro de un espacio que estos artistas abrieron. Es una buena razón para mirarlos antes de comprar cualquier cosa contemporánea: afinan el ojo sobre qué distingue una decisión material de un atajo.